viernes, 9 de octubre de 2015

DE FRENTE AL SILENCIO



Que tu voz sea mi voz ahora
que tus pasos sean mis pasos
y en cada lugar que habite
a cada rostro que vea
en las palabras que diga
en las manos que toque
vaya tu memoria prendida.

Serás mi voz. Mi aliento.
El primer resplandor de mis mañanas.
Tu apacible rostro podré verlo
en la mirada gris de los potros pequeños
tus carcajadas más sinceras
las escucharé en el canto de los pájaros de Guaduas al amanecer,
en el berrido de los becerros al fondo de los corrales
y tu fragancia será esa que tiene la sombra de los tutumos
donde nos sentábamos a ver caer el atardecer sobre el río Magdalena.

Estuvo, en cada día de mi vida, tu voz como un faro
y seguirá sonando en mi corazón para siempre.
Yo honraré tu nombre y dibujaré tu sonrisa en cada cosa que haga.

Hoy han venido tus amigos, todos traen buenos recuerdos,
y me han ayudado a despedirte de la mejor manera.
Con cada sonrisa al recordarte me hacen sentir:
“Qué maravilloso padre tuve”

Ve en paz mi amigo, mi fuerza, mi aliento.
Ve con Dios mi vida.