viernes, 11 de noviembre de 2011

INTRODUCCION AL USO DE LAS TIJERAS



Cuando estés listo, asegúrate de tener cerca unas tijeras, que para mayor comodidad deberás guardar en el bolsillo de atrás. Cuando ya tengas las tijeras listas, bien afiladas y dispuestas en la oscuridad de tu bolsillo, puedes meter el dedo índice en la profundidad de tu boca.
Te recuerdo que las tijeras deben estar bien afiladas. Para eso hay piedras, la pared, las sinuosidades de tus dedos, y tantas otras cosas que sirven para afilar tijeras. Yo te dije que tu lengua tenía otros usos perfectos.
Sentirás, talvez, un calor pegajoso y con cierto vapor dentro de tu boca, luego irás al fondo con tu dedo, hasta donde te alcance, hasta donde ya no alcanzas y tocarás.

No es necesaria la fuerza. La lengua hará el trabajo, se fruncirá como un caracol chocando contra una pared de cal, y si sigues tocando todo dará resultado.
El primer intento sonará seco y torpe. Los ojos se pondrán rojos y aguados. La frente sudará un poco y en el estómago yo me aferraré a tus paredes porque con la primera contracción ya lo entiendo todo.
El dedo volverá a ingresar. No lo saques tan rápido. Reprime el rechazo de la garganta y déjame ir. No aprietes el estómago, deja que pase entero por ahí, si quieres puedes poner la otra mano en la rodilla e inclinarte para dejar que salga entero, de una sola pieza, un solo pedazo de vida que vas a escupir sin demasiada dificultad. Vomítame.
Ahí me verás palpitante y viscoso reconociendo el mundo. No seas cruel, no me hagas llorar, no tienes ninguna obligación de enseñarme a respirar. Ahora toma las tijeras y corta ese pedazo de laringe que me ha traído conmigo y que me ata a tu mirada como una condena.
Mientras todo dentro de ti se recompone no deberás comer, ni siquiera beber un vaso de agua o tragar saliva.
Si las tijeras estaban bien afiladas, como te dije, podrás liberarte, si no, me arrastrarás contigo a donde quiera que vayas y mi piel se irá deshaciendo hasta quedar apenas vestido de carne y venas a la vista todas untadas de barro y entre mis cuencas se incrustarán las colillas de cigarrillo que arrojaste esperando que llegara el momento.
Me convertiré en tu sombra, nunca lograrás olvidarme. Pero para eso te habrás asegurado de afilar como nunca antes las tijeras, y ahora con paso cauteloso, con el mayor sigilo vete, déjame aquí, nadie nunca lo va a saber, las hormigas vendrán por mi a su debido tiempo, me enseñarán los trucos de la existencia y sólo de vez en cuando preguntaré por tu nombre. Me enseñarán a escribir y yo deambularé entre las gentes, imponiendo mi voz en los micrófonos, atormentando tu cabeza con mi eco, viéndote en cada sombra, como una sombra.

lunes, 4 de julio de 2011

poema de la semana. 3. LECCION DE FÍSICA CUÁNTICA.wmv

ESTÁNDAR PARA UNA MOSCA

Una mosca es negra, pero cuando se pone al sol es fácil encontrar toda una gama de colores sobre sus alas. Una mosca tiene alas. Tiene dos alas que se mueven adelante y atrás y por eso la mosca puede cambiar de dirección cada vez que lo necesite. La mosca (déjame ver) tiene seis patas. Tiene seis patas que utiliza para caminar y dar saltos, y unos ojos grandes. Dos ojos grandes de color rojo oscuro que nunca parpadean y que son periféricos.
La mosca tiene un vuelo silencioso, excepto las que son muy grandes, las que zumban en las casas.
Es fácil descubrir una mosca: son negras y casi todas las paredes son blancas. Sería diferente la vida para una mosca si la gente pintara sus paredes de negro.
Una mosca no necesita reproducirse. La continuidad de su especie no depende de una sola mosca. No necesita parir otro millar de moscas para que existan las moscas. Tampoco necesita comer, pero come. No necesita beber, pero bebe. ¿Beben las moscas? Sí, las moscas beben, y excretan, no necesitan excretar pero lo hacen; una mosca respira, vuela, camina, salta, se para sobre una mano, evita el golpe de la otra mano, evita el periódico que se viene sobre ella, el matamoscas que hace temblar el mundo, y escapa. No necesita escapar pero lo hace. Esa es su existencia y la disfruta.
Para los otros seres del planeta la vida de la mosca es insignificante y sus actos no tienen ningún valor. Como hay tantas moscas ninguna es especial y todas tienen el mismo precio.
Para una mosca su vida es la de una mosca. Eso la convierte en el único ser importante sobre la faz de la tierra. El mayor e indispensable.
Una mosca siempre será una mosca.

LUGAR SIN LÍMITES

En el estadio es imposible
las barras bravas nos calcinarían
además con sus gritos:
—¡Movéte! ¡Millos movéte!—
nos distraerían.
En la iglesia tampoco
se nos pasaría el tiempo
recibiendo las ostias:
—amén, padre,
cuerpo de Cristo que digiero—
Y en el juzgado menos
allí hay que parecer inocentes:
—de toda culpa
señor juez, de toda culpa—

En la calle nos detendrían
en la estación nos condenarían
en la oscuridad nos descubrirían.

Nos queda el papel
y esos ojos tuyos, nuestro lugar sin límites.

LA VICTORIA

Nosotros éramos una pequeña comarca
insignificante. Mis tropas no eran
más que ocho hombres. Yo y mis ellos.

Yo vi sus ojos, majestad, y
maldije mi mala suerte.
Antes de usted estaba la legión, miles
de hombres, miles. Bien armados.

Yo y mis ellos luchamos.
Nuestra misión no era derrotar a Roma.
Nuestra misión era llegar tan cerca
a usted, como pudiéramos.

(alcancé a tocarte, emperador,
me hablaste)

viernes, 10 de junio de 2011

CUENTO FINALISTA DEL PREMIO HEMINGWAY. (Fragmento de La devoción del destierro)


Cuando alguien muere uno no sabe qué recuerdo escoger. Solo queda la opción de llevar su rostro pálido sin vida en la memoria, o su sonrisa llena de vida guardada en el bolsillo. Cuando alguien muere queda una imagen reinando, las otras vienen detrás y se van muriendo con el tiempo, sólo nos queda una.
―Joven Andrés levántese, el dolor no es nada, ¡levántese!
―No, no puedo Gerardo no puedo.
―Si puede, párese. Mire joven, cuando la vaca venga usted tiene que quedarse quieto y mueve la muleta duro para que la vaca coja por ahí
―No más, no soy capaz Gerardo, esa vaca vuelve y me levanta
―Sí tiene que ser capaz, la corraleja es este sábado y si no torea toda la gente del pueblo le perderá el respeto.
Gerardo era la cabeza de una familia de diez. Su madre, sus dos hermanas mayores y sus seis hermanos pequeños, soñadores de él, que lo recibían en abrazos llenos de mocos y lágrimas y un amor que parecía no existir en ese lugar. A todos sus hermanos levantaba del polvo como a mí me levantaba del suelo.
―Vamos patrón, eso no es nada, hágale el quite a la vaca, haga que se va para un lado y luego se va para el otro.
El día de la corraleja, mucho antes de la toma guerrillera, estaba el pueblo en el corral de una finca cercana. Alguien gritó “¡Que salga Andrés Montero!”. La gente lo apoyó y alguien me pasó la muleta.Gerardo parecía nervioso de mi suerte pero me alentaba con sus gestos. Pensé que sería una vaca cebú como todas las que habían toreado antes, pero salió un toro negro, con un cuello más grande que mi cuerpo, pesado, poderoso y con unos pitones imponentes que como lanzas apuntaron a mi pecho. La gente hizo silencio, oí un pequeño rumor “cambien ese toro, es demasiado para ese pobre niño”, y entonces recordé.
―Joven Andrés, el toro persigue con más facilidad la muleta, lo malo es que produce más susto. No corra, si corre está perdido. Usted solo llámelo, le mueve la muleta y se queda quieto.
El toro resopló, escarbó al ver la multitud trepada en las varas del corral. Cuando vio la muleta me lanzó la mirada y sus orejas atentas a mis pasos, inclinó la cabeza y con su pata derecha escarbó de nuevo, lanzando un puñado de arena al aire. Pasé la muleta como si fuera un péndulo y con una voz de niño en la que jamás me había fijado le grité como había aprendido con Gerardo.
―¡Toro! ¡Ey! Toro venga.
Sentí el temblor en el suelo, la corraleja vibró con el galope furioso del animal.
"No corras, no corras, si corres estás perdido. La muleta a un lado, viene a ti Andrés, no corras, la muleta a un lado. Bajó la cabeza, cerró los ojos. Inclina el cuerpo y ábrele campo, sube la muleta, súbela, cuidado con su lomo, cuidado con sus patas.¿Qué se hizo? ¿Dónde está la muleta? Aquí la tienes, tranquilo ¿Ole? ¿Quién dijo “ole”? ¿Todos dijeron “ole”? ¡Ole! Sí, sí Andrés estás vivo y ellos dijeron “ole”. ¿Qué se hizo? Allá, allá está, allí viene, lo mismo Andrés, hazte a un lado, estira el brazo, sube la muleta, grita ole, ¡Ole!, sí ¡Ole! pasó, ya está lejos, ¿todos gritaron ole? No, no lo gritan, gritan otra cosa, ¿qué es? ¿Torero? Si, torero"
Y corearon “torero” toda la tarde hasta que ya el toro estuvo cansado, y aunque siempre hice el mismo pase, sin mucho estilo ni elegancia, pude lidiar el toro y vi a Gerardo aplaudiendo entre la gente, con una cara de orgullo que ahí viéndolo en el ataúd no podía ser el mismo. Lloré, le dije gracias, gracias mil veces gracias, y cerré el ataúd. Lo bajaron, sacaron los lazos. Su madre, sus hermanas, sus hermanitos, pequeños trocitos de su cara le lanzaron flores. Yo le lancé sus rejos, su sombrero, sus espuelas, y con palas empezamos a cubrir la tumba. Una gran corona de astromelias y bellahelenas le dejé.

Portada de la novela: La devoción del destierro

ACEVEDO CELIS, FINALISTA DEL PREMIO HEMINGWAY

sábado, 23 de abril de 2011

MALAS COSTUMBRES URBANAS

El baño público es para besarnos:
en el espejo comparamos los colores de piel
la altura, el tamaño de las cejas
el color de los ojos, la extensión de la sonrisa…

El agua es gratis. No significa que puedas mojar
me
dices después que nadie viene
que si me secas con la boca, ¿quieres?
y yo tan educado: claro, por favor.

Mira que el cine es un lugar oscuro,
lo único que hicimos fue darle un poco más de luz
¿verdad?
Y también es frío…

La clínica es silenciosa. (podemos jugar en silencio).
Tiene baños con seguro. Pasillos sin gente. Escaleras sin gente.
Jardines sin gente. Salas de espera sin gente
y muchos rincones para nosotros.

Los pasillos del centro comercial son más seguros de lo que uno cree:
la gente mira tanto que no nos mira.
Además
qué de raro tiene una mano en la nuca. En la espalda. En la cadera.
Etcétera. En la espalda. Etcétera. En el abdomen.

¡Ah! Y el restaurante:
que coma de tu plato no es delito. Que me roces debajo de la mesa si es
conde
malas intensiones y deberían juzgarte.
Los ojos saltan como andaluces sobre la mesa:
el que baje la mirada pierde. La apuesta es el sonrojo.
¡Ah! Y la sonrisa. La sonrisita.

En Transmilenio van todos pendientes de su cartera
no de nosotros.
Igual, nada de raro tiene una mano entre otra.
¡Ay tu manito!
Dedito-dedito. Dedito-palmita
caricia de mala educación
mano en el abdomen
sube, baja, adentro, afuera, adentro
mano que entra en la pretina
entra tu mano respiro
aguanto el aire.

Aprietas, recorres
coges, abarcas todo.
Caliente está la mano
ardorosa con las brazas entre los dedos y la palma
la palma
la palma
y un pequeño quejido como cuando me abrazas con fuerza
la palma
la palma
los dedos
los dedos.
Ven
dame la cara
mírame a los ojos mientras haces eso.

Me impregno de tu olor en las calles más oscuras
avanzo un paso
izquier dos tres
te interpones en mi camino, sonríes y extiendes los brazos
aprendo a apuntar a tus flancos
hago tu espalda mía en medio de la avenida.

Violamos las reglas de los parques infantiles
humedecemos los teatros con el sudor incontenible
nadie nota los vidrios empañados
ni las miradas cristalizadas, detenidas, fosilizadas.
(Gómez Jattin se vendría mil veces de sólo vernos)

Venir, volver, venirse, volverse vapor
somos cuerpos que se atraen para matarse:
si nos encuentran en el baño nos expulsan,
la cárcel será otro buen lugar para bebernos,
la contorsión nos hace vulnerables encima del capó del carro
y en la terraza es como venirse encima de la ciudad.

Te saludo: te asfixio: y te penetro
hacemos ruido pero ellos no nos escuchan porque atienden nuestra orden de capuchino y café latte.
Es bueno sentarnos y aparentarnos inocentes.
La gente dirá: qué buenos muchachos son aquellos
Y nosotros: sí, qué buenos muchachos hemos sido.

ARTÍCULOS IMPRESCINDIBLES




A J:J.n²´mz

El sufrimiento compartido.
La misma desaparición de la inocencia.
Las medallas que queremos colgar en la pared.
El alcohol que nos gusta.
La fama que nos llama.
La dificultad de levantarse temprano.
La adicción al otro.

El juramento de fotografiarnos.
Las ganas de que el otro nos escriba.
Él. Y el empeño de buscarte.
“Lo poco que queda
lo mucho que se esfuma” (CbBrd)

viernes, 22 de abril de 2011

EL OCTAVO DÍA

Dios
que no crees en mí.
Dios
que no sigues mis mandamientos.
Dios
ebrio, fumador y tahúr
apostador de almas.


Dios
de mil caras
cientos de idiomas
varios sexos
:
Busquemos un árbol
busquemos un rincón oscuro
donde ya no nos miren.

Allí
para arrodillarnos, dios
para que muestres tu devoción
darte vuelta
ídolo
de metal,
hacer brillar un lirio
ante tus ojos, dentro de ti.

Dios
caminemos en las calles
oscuras solitarias
cargando esta cruz
que nos hace creer que nos miran.

(Nos miran, dios
nos miran
descubrirán que convierto
en vino tu saliva, dios)

(nos miran, dios
nos miran
se convierten en sal;
se les inunda la casa
y se quedan sin aire, dios, sin aire
cuando te rompo las vestiduras
y penetro tu costado,
cuando me das de beber
vino amargo desde un izopo)

Dios
que me niegas
dios
que no crees en mí
resucitaremos mañana
y mañana
y muchas veces
para crucificarnos en los brazos del otro.

martes, 8 de febrero de 2011

POESIA DEL HAMBRE

Espero una palabra de alguien que pase:

—¿Podría darme usted el verso para empezar? porque no lo tengo y tengo hambre.

Alguien que me regale la poesía que no tengo.

—Yo intercederé por usted ante Dios, lo nombraré en mis plegarias, mengüaré el malestar de sus pecados.

Alguien que dibuje un sueño para vivirlo, que me enseñe a caminar en esta ciudad de poetas donde todos saben hablar y se saben las calles, los rincones y dominan los artefactos como a su cuerpo.

—Estoy perdido, no conozco a nadie, no entiendo su lenguaje.

Alguien que en mi mano ponga una pequeña prolongación de la existencia.

Alguien venga a darme la magia que he perdido, la inspiración está marchita y mis manos débiles ya no trazan media palabra.

—¿Podría usted enseñarme a ser una sombra?