sábado, 23 de abril de 2011

MALAS COSTUMBRES URBANAS

El baño público es para besarnos:
en el espejo comparamos los colores de piel
la altura, el tamaño de las cejas
el color de los ojos, la extensión de la sonrisa…

El agua es gratis. No significa que puedas mojar
me
dices después que nadie viene
que si me secas con la boca, ¿quieres?
y yo tan educado: claro, por favor.

Mira que el cine es un lugar oscuro,
lo único que hicimos fue darle un poco más de luz
¿verdad?
Y también es frío…

La clínica es silenciosa. (podemos jugar en silencio).
Tiene baños con seguro. Pasillos sin gente. Escaleras sin gente.
Jardines sin gente. Salas de espera sin gente
y muchos rincones para nosotros.

Los pasillos del centro comercial son más seguros de lo que uno cree:
la gente mira tanto que no nos mira.
Además
qué de raro tiene una mano en la nuca. En la espalda. En la cadera.
Etcétera. En la espalda. Etcétera. En el abdomen.

¡Ah! Y el restaurante:
que coma de tu plato no es delito. Que me roces debajo de la mesa si es
conde
malas intensiones y deberían juzgarte.
Los ojos saltan como andaluces sobre la mesa:
el que baje la mirada pierde. La apuesta es el sonrojo.
¡Ah! Y la sonrisa. La sonrisita.

En Transmilenio van todos pendientes de su cartera
no de nosotros.
Igual, nada de raro tiene una mano entre otra.
¡Ay tu manito!
Dedito-dedito. Dedito-palmita
caricia de mala educación
mano en el abdomen
sube, baja, adentro, afuera, adentro
mano que entra en la pretina
entra tu mano respiro
aguanto el aire.

Aprietas, recorres
coges, abarcas todo.
Caliente está la mano
ardorosa con las brazas entre los dedos y la palma
la palma
la palma
y un pequeño quejido como cuando me abrazas con fuerza
la palma
la palma
los dedos
los dedos.
Ven
dame la cara
mírame a los ojos mientras haces eso.

Me impregno de tu olor en las calles más oscuras
avanzo un paso
izquier dos tres
te interpones en mi camino, sonríes y extiendes los brazos
aprendo a apuntar a tus flancos
hago tu espalda mía en medio de la avenida.

Violamos las reglas de los parques infantiles
humedecemos los teatros con el sudor incontenible
nadie nota los vidrios empañados
ni las miradas cristalizadas, detenidas, fosilizadas.
(Gómez Jattin se vendría mil veces de sólo vernos)

Venir, volver, venirse, volverse vapor
somos cuerpos que se atraen para matarse:
si nos encuentran en el baño nos expulsan,
la cárcel será otro buen lugar para bebernos,
la contorsión nos hace vulnerables encima del capó del carro
y en la terraza es como venirse encima de la ciudad.

Te saludo: te asfixio: y te penetro
hacemos ruido pero ellos no nos escuchan porque atienden nuestra orden de capuchino y café latte.
Es bueno sentarnos y aparentarnos inocentes.
La gente dirá: qué buenos muchachos son aquellos
Y nosotros: sí, qué buenos muchachos hemos sido.

ARTÍCULOS IMPRESCINDIBLES




A J:J.n²´mz

El sufrimiento compartido.
La misma desaparición de la inocencia.
Las medallas que queremos colgar en la pared.
El alcohol que nos gusta.
La fama que nos llama.
La dificultad de levantarse temprano.
La adicción al otro.

El juramento de fotografiarnos.
Las ganas de que el otro nos escriba.
Él. Y el empeño de buscarte.
“Lo poco que queda
lo mucho que se esfuma” (CbBrd)

viernes, 22 de abril de 2011

EL OCTAVO DÍA

Dios
que no crees en mí.
Dios
que no sigues mis mandamientos.
Dios
ebrio, fumador y tahúr
apostador de almas.


Dios
de mil caras
cientos de idiomas
varios sexos
:
Busquemos un árbol
busquemos un rincón oscuro
donde ya no nos miren.

Allí
para arrodillarnos, dios
para que muestres tu devoción
darte vuelta
ídolo
de metal,
hacer brillar un lirio
ante tus ojos, dentro de ti.

Dios
caminemos en las calles
oscuras solitarias
cargando esta cruz
que nos hace creer que nos miran.

(Nos miran, dios
nos miran
descubrirán que convierto
en vino tu saliva, dios)

(nos miran, dios
nos miran
se convierten en sal;
se les inunda la casa
y se quedan sin aire, dios, sin aire
cuando te rompo las vestiduras
y penetro tu costado,
cuando me das de beber
vino amargo desde un izopo)

Dios
que me niegas
dios
que no crees en mí
resucitaremos mañana
y mañana
y muchas veces
para crucificarnos en los brazos del otro.