miércoles, 3 de febrero de 2016

ARRULLO

Tuve miedo
(el miedo de un niño antes de fumar,
el del debutante al cobrar el penalti)
cuando descubrí que en ti podía dormir.
Y te miré a los ojos, antes del sueño
mi cabeza puesta sobre tu abdomen
como quien pone el oído en el asfalto
para saber quién viene
oyendo el contrasentido de tu respiración:
-¿Por qué me miras así?
Preguntaste desde la lejanía
puesto tu rostro en el horizonte
detrás del caos de tus costillas
atrás del ámbito de tu pecho
después del abismo de tu cuello...
desde allá
viéndome como Dios.
-Si te lo digo cerrarás mis ojos.
Y es miedo lo que se siente
cuando pasas tus manos sobre mi pelo
una y otra vez pero no de la misma forma,
y vas
con la paciencia de quien despluma un poema
dibujando mi sueño.
-Miedo de amarte y que no me ames.
No es tanto el amor como el miedo
lo que hace que los amantes no se dejen.

Tomado del poemario: El fútbol nunca es inocente. 

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